LAS AMIGDALAS Y EL SECUESTRO EMOCIONAL

 

Lo que realmente pasa en tu cerebro

 

Cuando hablamos de emociones intensas, esos momentos en los que reaccionamos “sin pensar”, solemos creer que simplemente “somos así”. Pero la neurociencia explica que detrás de esas explosiones emocionales hay un pequeño núcleo cerebral con un enorme poder: las amígdalas cerebrales, encargadas de detectar el peligro y disparar respuestas inmediatas.






Las amígdalas funcionan como un sistema de alarma que evalúa estímulos con gran rapidez y determina si deben activar una reacción emocional inmediata. Este mecanismo opera incluso antes de que la información llegue a la corteza racional, lo que explica por qué sentimos antes de pensar.

 Este acceso directo y veloz es útil para la supervivencia, pero también puede jugarnos en contra. Cuando las amígdalas perciben algo como amenaza, aunque no lo sea realmente, pueden “tomar el control” del cerebro y anular temporalmente la capacidad de razonar. A esto, Goleman lo denomina secuestro emocional.

 

 



Durante un secuestro emocional, la amígdala desencadena reacciones intensas que sobrepasan a la corteza prefrontal, produciendo respuestas impulsivas, rápidas y poco analizadas. Este fenómeno ocurre porque la vía emocional es más corta y rápida que la racional, permitiendo que la amígdala actúe antes de que la mente consciente procese la situación.

 Goleman también explica que este secuestro repercute directamente en la conducta: puede generar ira repentina, miedo exagerado o reacciones desproporcionadas frente a situaciones cotidianas. Durante este estado, la persona siente una urgencia por actuar y suele arrepentirse después, cuando la corteza vuelve a recuperar el control.

 


¿Por qué es importante entenderlo?


Comprender cómo funciona este proceso es clave para el desarrollo de la inteligencia emocional. Saber que no es “debilidad” ni “mala actitud”, sino una reacción neurobiológica automática, abre la puerta a trabajar en estrategias de regulación. Entrenar la atención, la calma y la reflexión ayuda a disminuir la frecuencia e intensidad de estos secuestros, fortaleciendo la capacidad de responder en lugar de reaccionar.

 



 


 

 

 




Aquí un vídeo de cómo gestionar el secuestro de la amígdala.


Referencias

 Goleman, D, Inteligencia Emocional .https://iuymca.edu.ar/wp-content/uploads/2022/01/La-Inteligencia-Emocional-Daniel-Goleman-1.pdf  


 

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