LAS EMOCIONES Y EL CEREBRO
La naturaleza de la Inteligencia Emocional.
Cada emoción es, en esencia, un impulso a la acción que nos predispone biológicamente a un tipo de respuesta diferente. Por ejemplo, el enojo aumenta el flujo sanguíneo a las manos para la lucha, el miedo retira la sangre del rostro y la dirige a las piernas para favorecer la huida, y la tristeza nos ayuda a asimilar una pérdida provocando una disminución de energía que nos obliga a la introspección. Estas reacciones fueron un eficaz instrumento de supervivencia en el crudo pasado evolutivo. No obstante, el problema actual reside en que las nuevas realidades de la civilización moderna avanzan mucho más rápido que la lenta evolución, dejando obsoleto nuestro repertorio emocional y convirtiendo algunas respuestas instintivas, como la rabia, en potencialmente desastrosas.
Goleman explica esta tensión mediante el concepto de Nuestras Dos Mentes: la Mente Racional (el pensamiento consciente y reflexivo, la "cabeza") y la Mente Emocional (más impulsiva y poderosa, el "corazón"). Si bien estas dos mentes operan generalmente en estrecha colaboración, cuando el sentimiento se intensifica, la mente emocional se vuelve dominante y puede llegar a desbordar y secuestrar a la mente racional.
Daniel Goleman nos revela que, a pesar de nuestro sofisticado intelecto, la raíz de nuestras decisiones y acciones más cruciales se encuentra en la mente emocional. Nuestro cerebro está diseñado de manera que el antiguo sistema límbico, asiento de las pasiones, mantiene un poder extraordinario, capaz de secuestrar a la razón en momentos críticos. El gran desafío de la vida moderna, y el tema central de la Inteligencia Emocional, es reconocer esta herencia evolutiva: la necesidad de que la "cabeza" y el "corazón" operen en un equilibrio armonioso para una supervivencia y un éxito que van más allá del simple coeficiente intelectual.
Referencias
Inteligencia emocional, Editorial Kairós https://www.editorialkairos.com/catalogo/p/inteligencia-emocional
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